JUBILEO 2000

Abran las puertas al Salvador del mundo. Abran las puertas a Cristo.

La invitación del Papa en este año jubilar, año de gracia y de reconciliación, golpea con fuerza en mi corazón; pues es el regalo del Padre, que nos envía a su único hijo Jesús, puerta del cielo, principio y fin de nuestra salvación.

Él, un Dios infinito, se enamoró de una criatura finita y pecadora: nosotros. Y en esa locura de amor, nos envió al Verbo hecho carne, en la encarnación de Cristo.

Se puede adivinar cuánto es el amor misericordioso de Dios, por nosotros sus hijos.
Y Él se quedó para siempre, en el milagro de la Eucaristía: “Esto es mi cuerpo,
éste es el cáliz de mi sangre”

Pan bajado del cielo, sé el alimento que dé la paz a nuestra alma,

Que reconforte nuestro corazón cansado,

Que nos anime a caminar confiados en su misericordioso corazón, del cual brotaron la sangre y el agua, fuente de Su misericordia.

“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Vivamos con alegría las palabras de Jesús en este Jubileo, Año del Perdón de los pecados y de las penas, de la reconciliación y la indulgencia, de la solidaridad y la esperanza del compromiso; en el servicio a Dios y al hombre.

Que sea un tiempo favorable para el retorno a la casa paterna, donde tu Dios, lleno de amor, espera a sus hijos descarriados para darles el abrazo del perdón y sentarlos a su mesa, vestidos con el traje de fiesta.

Que al iniciar este año Jubilar, rumbo al Nuevo Milenio, acompañados de la Virgen María, icono del amor puro, Madre de Dios y Madre nuestra; crucemos el umbral de la esperanza, anunciando la Buena Nueva a los pobres, dando nuestro amor a los pequeños y marginados. Que seamos capaces de ser la Sal de la tierra, en este mundo materialista.
Que experimentemos la alegría de la comunión fraterna, partiendo el pan juntos en cada comunidad;

Y que podamos decirle al mundo que aún hay tiempo de esperanza y misericordia; y gritemos con todas nuestras fuerzas, todos juntos: ABRAN LAS PUERTAS AL
SALVADOR DEL MUNDO. ABRAN LAS PUERTAS A CRISTO.

Carlos A. Artusa
Apóstol de la Divina Misericordia

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