LA PROPUESTA

Hoy quiero proponerte algo muy simple y hermoso: Que regales una sonrisa, una caricia, unos minutos de tu tiempo… a aquel que está solo o a aquel anciano que quizás no tenga con quien hablar; una caricia, dándole consuelo al que sufre, tu palabra de aliento al que lucha contra la adversidad, quizás seas tú el que está afligido pero si haces esta ofrenda de misericordia, el que es la Misericordia Misma, te lo dará por añadidura.

Nos dice Jesús: Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo los he amado, amaos también vosotros los unos a los otros; en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros, perdonémonos nuestra soberbia, nuestras flaquezas, nuestra miserias y un corazón despojado de odio de rencor de envidia nos dará la paz y la paz es salud, salud de cuerpo y alma y regalar esa sonrisa, esa caricia, esa palabra de aliento nos dará la alegría de participar en la construcción del Reino, del Reino del Amor del Padre y el Hijo con el Espíritu Santo en nuestro corazón.

Recordemos de Teresa sus hermosas palabras: “Cristo no tiene otro cuerpo en la tierra, más que el tuyo; no tiene otras manos que las tuyas, no tiene otros pies que los tuyos, tuyos son los ojos a través de los que derrama su amor sobre el mundo; tuyos son los pies de los que se sirve para hacer el bien y tuyas son las manos con las que ahora nos bendice”.

Carlos A. Artusa
Apóstol de la Divina Misericordia

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