Corazón de Jesús

Carlos A. Artusa durante la inauguración del Templete dedicado a Jesús Misericordioso

Corazón de Jesús, cuantas delicias tienes para darnos, cuanta ternura, cuanto amor, cuanta misericordia, en ese corazón que se estremeció hasta el sollozo, frente a la tumba de Lázaro.

Que se conmovió perdonando a la pecadora, o penetrando en los ojos de Pedro que lo había negado. Corazón manso y humilde que se arrodilló frente a sus discípulos para lavarles los pies; corazón en el cual arden las llamas de Tu Misericordia; corazón abierto por la lanza, y del cual brotaron el agua y la sangre, “los sacramentos de la Iglesia”, para que acercándose a ellos todos puedan beber con gozo de la fuente de la salvación.

Nos dice San Agustín: “Allí se abrió la puerta de la vida, de donde manaron los sacramentos de la Iglesia, sin los cuales no se entra en la vida que es la verdadera vida”. Bebe de Cristo porque es fuente de vida, bebe de Cristo, porque es el río cuya corriente alegra la ciudad de Dios.

Acaso no sientes la ternura del resucitado, que vibra en su corazón cuando le dice a Magdalena “ven a mis hermanos…” no se avergonzó de llamar hermanos a aquellos que se habían avergonzado de Él en la pasión… abandonándolo en el huerto de los olivos, o negándolo como Pedro todo lo olvidó, cumpliendo así el oráculo de Jeremías: “Perdonaré sus faltas, no me acordaré más de sus pecados”. ¿No ves Su Misericordia, Su Amor, Su Ternura? Acércate al corazón de Jesús, entrégale tu corazón, tus angustias, sumérgete en el océano de Su Misericordia.

Que Él sea tu seguro refugio, vacíate en Él de tus miedos, acurrúcate como un niño bajo los rayos que brotan de Su Corazón, siente Su Protección y bebe, bebe del agua viva que brota de Su Corazón. Te dice el Señor: “El que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua de la fuente de la vida”.

Disfruta de este momento de paz, descansa de tu vida. Acúnate en la delicia de Su Amor protector, el que confía en Él, jamás sale defraudado. No olvides Sus Palabras “Vengan a mi todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré”.

Amén, amén.

Carlos A. Artusa
Apóstol de la Divina Misericordia

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