La Última Zancadilla

Después de haber atravesado por múltiples pruebas…

¿Recuerdan la miocardía dilatada que aún persiste, ventrículo izquierdo, 71 de diámetro, del reimplante de antebrazo derecho en siete operaciones? Este corazón noble lo soportó todo y lo más llamativo para los cardiólogos es que ya van 19 años, sin ningún accidente, ni desmayo, ni arritmia grave o internación. Mi caso se encuentra entre los pocos que hay en el mundo, sin embargo, el enemigo no descansa nunca y llega la última grna zancadilla.

Cierta vez en que estaba muy disfónico; concurrí a mi obra social para hacerme ver de la garganta, y allí, luego de revisarme, me dijeron que la disfonía podía durarme como 2 meses. De la mano de Dios y Jesús, desconfié; y fuí a consultar con otro médico, que contaba con mejores elementos de estudio para diagnosticarme.

Fue entonces que gracias a los examenes que me hizo, descubríó una plaqueta sobre una de mis cuerdas vocales.

Había que operar de inmediato y removerla para ver en qué consistía. Ningún cardiólogo quería firmar la orden de operación, por el riesgo cardiológico; pero nuevamente Jesús arregló las cosas.

El cardiólogo Dr. Daniel Vidal, me preguntó algo que heló mi sangre: “Vos cómo preferís morir? De un infarto o con un agujero que te traspace la gargante y salga a la parte exterior nuevamente?”

Había que subir al calvario, así que le contesté: “Prefiero un infarto”.

Una compañera de la radio, Karina, me había dicho que en el Hospital Zubizarreta de la Ciudad de Buenos Aires, habían muy buenos médicos en esta especialidad; y llegó la operación, monitoreada por un equipo de cardiólogos, que hicieron que con su cooperación, la misma fuera un éxito.

Curiosamente al ir hacia el quirófano, en la puerta de entrada, había una estampa de 17 x 25 cm de Jesús Misericordioso. Al ver la imagen dije “Me vino a acompañar…”. Lo que se extrajo de mi cuerda voval, lo enviaron a analizar.

Como les dije antes, el enemigo no descansa, pero Jesús tampoco. Nuevamente tuve molestias en la voz. Fui al doctor que me hacía el seguimiento y descubrió otra plaqueta más, en la otra cuerda vocal. Antes había sido la izquierda, ahora era la derecha.

Había que subir al Gólgota, una vez más. Regresé al Hospital Zubizarreta, en Villa Devoto y por supuesto, había que operarme para extraerla nuevamente. El Dr. Villela era quien me iba a intervenir, pero no había ningún cardiólogo que se atreviera a firmar la operación.

Un día me encerraron con llave en un consultorio, hasta que vino el jefe de cardiología.

Y nuevamente la mano de Dios, invirtió la situación. Afuera esperaban mi esposa Carmen y mi compañera de radio Karina. Sin dudarlo me entregué a las manos de Dios, para que me protegiera; y Jesús nunca me soltó de su mano. La operación volvió a ser un éxito, hasta que llegó el gran dolor que me quebró.

En una de las revisiones, el doctor que estaba atendiéndome a solas, manda a llamar a mi esposa Carmen y mi compañera de la radio Karina, que estaban afuera. Imaginen mi sorpresa. Cuando ambas ingresaron al consultorio, comentó: “les informo 2 noticias. Tiene un cáncer maligno, pero la buena… es que está in situ”, y agregó “los manuales dicen que hay que dar rayos o quimio, pero eso implica que puede cambiar su voz e incluso quedar mucho…”

En un arranque de dolor le respondí “me podré morir de cualquier cosa, pero de ésto, jamás!”

El enemigo me quería callar para siempre, ya que yo difundía por dos radios “La Divina Misericordia” y la tarea de evangelizar, no la llevaba a cabo solo, siempre me acompañaban mis compañeras.

Entonces, el médico me dijo: “Salvo que usted firme arriesgarse de ir mes a mes…”

Firmé con toda la fe que me brotaba del pecho. Así que firmé mes a mes y seguí con las dos radios, difundiendo La Divina Misericordia. Y desde aquel día ya transcurrieron 6 años, SEIS AÑOS; y Jesús sigue llevándome de la mano.

El doctor Fernández, que me hace el seguimiento, graba un DVD cada vez que voy. En la filmación se nota mejor, el hueco de lo extraído en cada cuerda vocal.

En el presente continúo con toda la obra de difusión de La Divina Misericordia, en 2 (dos) radios y 2 (dos) Caravanas Nacionales por Año; más el Templete.

Nuevamente Dios aplastó la cabeza del maligno y me sigue dando vida y vida en abundancia. Por eso les digo lo mismo: No teman, No teman! Solo espero que al leer estas líneas, también te llene a tí en abundancia de vida y te de el ciento por uno por tu amor.

Este es un testimonio verdadero y concreto; de lo que sufrí en el pasado, aprendí que debemos recorrer el camino de la cruz, para poder valorar la fe, la esperanza y la confianza en un Dios misericordioso y resucitar a una nueva vida sin miedos, sin dolores y por el futuro. Porque a lo mejor, en el momento que te parece a ti, el mas oscuro de tu vida, se está gestando un nuevo amanecer que iluminará tu camino, tu corazón, tu alma y te llenara de dicha y alegría.

Afectuosamente Carlos A. Artusa

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